Panorama Histórico

La actividad del almacenamiento de grano como tal, puede datarse dentro de las primeras formas arquitectónicas, pretendiendo dar resguardo al alimento y al ser humano. No hay que olvidar que “en las sociedades primitivas el control del excedente alimenticio constituye la esencia misma del poder”.

No será hasta época romana, excelente conocedora de la ingeniería, cuando aparezcan grandes construcciones dedicadas a el almacenamiento de grano. Nos referimos a “la red de horrea y emporia”, cuyo caso más singular reside en el Porticus Aemilia, “un vasto rectángulo de 60x487m2 constituido por la repetición de un módulo rectangular de medía 8x14m2”, cubierto por bóveda sobre pilares.

Pasaron siglos hasta la aparición de nuevas edificaciones vinculadas al almacenamiento de mercancías.

Será el imperio británico el que construirá docks2 de apoyo al comercio por aguas del Mediterráneo. La edad moderna trajo bajo el Panorama Históricobrazo la aparición de las atarazanas, edificio muy vinculado al creciente comercio con América. La consolidación del comercio en el Atlántico sobre el Mediterráneo convierte a Andalucía en puerta hacia el Nuevo Mundo, y con ello la consolidación de la aduana como punto de control de dichas mercancías.

Cada una de estas edificaciones, con sus particularidades, dieron cobertura a situaciones concretas del momento histórico y lugar donde se ubicaron.

Pero en este proceso de concreción de los tipos arquitectónicos claves del almacenamiento de grano, no pueden sino señalarse como únicos “aquellos diseñados para guardar los frutos de la denominada triada mediterránea: trigo, olivar y vida, normalmente aparecen integrados al conjunto de edificaciones propias de las explotaciones rurales”, salvo algunos especialmente ricos.

A su vez se encuentran algunas edificaciones ligadas al sistema tributario del momento, entre los que se encuentran los diezmos. Éstos eran abonados en metálico o grano, para lo cual “fue paulatinamente surgiendo por toda España una red de almacenes conocidos bajo, cillas y tercias”. Simultáneamente aparecen los pósitos, que suponen un acercamiento conceptual profundo al silo vertical, que tuvo su máximo desarrollo en el S.XX.

“Al contrario que las cillas y tercias, los pósitos poseían una función asistencial, y si bien en un principio parecen haber estado bajo control eclesiástico, desde el siglo XVI, estuvieron bajo control municipal”.

La evolución tipológica de estas edificaciones no sufre apenas variaciones hasta la llegada de la revolución industrial a mediados del siglo XIX, donde la aparición de nuevos materiales (primero el acero y luego el hormigón) marcará nuevas pautas formales derivadas de sus propios límites físicos.

Estamos pues, ante una tendencia arquitectónica que se despoja de todo lo superfluo, dando toda la significación al valor de la escala como “traducción dimensional de la imagen de poder”, ya buscada en anteriores sociedades.

En este punto de la historia englobamos la producción de los silos verticales de hormigón o metálicos, con origen y difusión, predominante a través de la fotografía y en los Estados Unidos de América, primera potencia mundial del momento.

El origen de los silos verticales se apoya sobre la invención del “elevador de grano” en 1843 a manos de Joseph Dart.  La costosa tarea de descarga saco a saco del grano motivaron la iniciativa de idear una máquina que, movida por vapor, elevara el grano hasta la parte superior de los depósitos mediante un sistema de cadenas, cangilones y poleas.

La búsqueda de una forma de construcción resistente al fuego, barata y con gran capacidad de almacenaje fue el principal motivo subyacente tras los muchos experimentos realizados con diferentes materiales, marcando definitivamente la última década del S.XIX.

La introducción de la energía eléctrica y posteriormente el hormigón como material estructural acabaron por definir una nueva imagen del silo americano llena de funcionalidad que derivó en Europa y la Unión Soviética en un interesante caldo de cultivo intelectual y artístico entorno a estas piezas industriales.

“Figuras tan importantes del panorama arquitectónico de los siglos XIX y XX como Walter Gropius, Erich Mendelsohn, Le Corbusier, Toni Garnier, Albert Khan o Hans Poelzig, sólo por citar algunos”6, han estado ligados a reflexiones teóricas entorno a la naturaleza del proceso y la edificación industrial. [/su_expand]

La primera reacción gubernamental fue el anuncio de creación, sin plazo fijado, de los primeros silos cooperativos oficiales. Desde algunos frentes oficiales se alzó la voz denunciando la incapacidad del Estado para acometer de manera súbita la construcción o compra de una serie de grandes silos reguladores del mercado. Durante la Guerra Civil Española se alterará el orden político y social que rige el país, sin que ello suponga una resolución del verdadero problema triguero.

En la década de los 40 se consolida el Régimen a la vez que la precariedad de los miles de pequeños agricultores trigueros va en aumento; se hace necesaria una intervención en materia de política agraria. El Estado se decanta por una política reguladora frente a políticas liberales que, en este momento histórico, hubieran conducido al campo español a un auténtico cataclismo y a una crisis social insoportable. La construcción de una Red Nacional de Silos y Graneros aparecía entonces como un hecho inminente.

La aparición de lo que dio en llamarse el “problema triguero” tiene su origen en el primer tercio del S.XX, cuando la I Guerra Mundial provocó la intervención del Estado en el sector con el objetivo de regular los mercados y estabilizar los precios y rentas. A ésto tenemos que sumar en España un régimen de cosechas altamente irregular, tal y como reflejan las dos grandes cosechas de trigo de los años 1932 y 1934, que provocaron una situación de sobreoferta que condujo a una caída inmediata de los precios y en consecuencia el declive de los pequeños productores trigueros.

Esta especial situación del país enfrentó aún más a la República y la derecha, convirtiendo el problema triguero en un instrumento más para la confrontación política. Las iniciativas para la resolución del problema procedían de todos los ámbitos (partidos, empresarios, economistas y agraristas) y con propuestas muy diversas.

La primera reacción gubernamental fue el anuncio de creación, sin plazo fijado, de los primeros silos cooperativos oficiales. Desde algunos frentes oficiales se alzó la voz denunciando la incapacidad del Estado para acometer de manera súbita la construcción o compra de una serie de grandes silos reguladores del mercado. Durante la Guerra Civil Española se alterará el orden político y social que rige el país, sin que ello suponga una resolución del verdadero problema triguero.

En la década de los 40 se consolida el Régimen a la vez que la precariedad de los miles de pequeños agricultores trigueros va en aumento; se hace necesaria una intervención en materia de política agraria. El Estado se decanta por una política reguladora frente a políticas liberales que, en este momento histórico, hubieran conducido al campo español a un auténtico cataclismo y a una crisis social insoportable. La construcción de una Red Nacional de Silos y Graneros aparecía entonces como un hecho inminente.

A pesar de que el debate en torno a la creación de una Red Nacional de Silos y Graneros surge durante la República, no será hasta 1937, cuando el Régimen Franquista promulgue en Burgos el Decreto-Ley de Ordenación Triguera que dará origen al Servicio Nacional del Trigo (SNT). A pesar de que las primeras unidades se adjudican a partir de 1941, no será hasta 1945 cuando se elabore un Plan General de la Red Nacional de Silos y Graneros, con una propuesta inicial de 437 silos y 631 graneros 7.

La Red fue oficialmente inaugurada el 6 de Junio de 1951 con la visita del Jefe del Estado al Silo de Córdoba.

La construcción finalmente de una verdadera Red Nacional se apoya bajo estos cuatro principios básicos:

  • Hacer posible la compra de trigo a los agricultores y su almacenamiento en locales ubicados en puntos estratégicos de las zonas productoras.
  • Conservación de una reserva nacional al final de cada campaña, de cuantía adecuada para compensar… deficiencias iniciales de una posible cosecha inferior en la campaña siguiente.
  • Posibilidad de recibir en puertos trigos de importación en años deficitarios o de expedir trigos especiales… en años de cosechas… superiores al consumo”.
  • Lograr la adecuada manipulación de los granos, así como su selección y tratamiento para proporcionar al agricultor semillas de mayor rendimiento.

Con esta política agraria se pretendía regular el precio de los cereales y garantizar a la población el acceso a alimentos básicos.

Desde que el SNT comenzó a construir la RNSyG los gastos de ejecución fueron soportados íntegramente por el propio SNT, que disponía una parte de sus fondos propios.

Estos fondos propios provenían casi en su totalidad del “canon comercial”, consistente en la diferencia entre los precios de venta y compra de los productos que el SNT manipulaba.

Tanto el canon como la rentabilidad de las campañas eran determinantes en el ritmo de la construcción de la Red. La aplicación del canon se trasladaba en cascada por toda la cadena productiva, de modo que finalmente quienes terminaron por asumir este sobre coste fueron los consumidores de pan. A pesar de lo anterior, las dificultades económicas condicionaron el despegue de la Red.

El análisis de las unidades construidas hasta 1984 revelan diversas fases en cuanto a ritmo y características de la construcción:

  •  Década años 40: la construcción de tan solo 12 unidades quedó justificada por el SNT como un fiel reflejo de la precariedad económica tras la guerra, la falta de materiales de construcción, la desconfianza de los agricultores hacia las vías oficiales o la amplitud de un mercado negro.
  • Década años 50: es un período irregular, de altibajos y desencuentros. Desde diversos frentes nacionales se insistió en la necesidad de acelerar la construcción de la Red, mientras que la visión desde las políticas agrarias extranjeras divergía considerablemente, y así constó en algunos informes. A esto hay que añadir los problemas técnicos que la falta de un sistema ferroviario adecuado y  de maquinaria suponían para el movimiento fluido del cereal dentro y fuera de nuestras fronteras.
  • Década años 60: supone la década de mayor auge constructivo, apoyado en unas campañas excelentes de trigo, cebada y otros. Se abandona la tendencia de almacenamiento horizontal, propia de los 50, por silos verticales con notables mejoras técnicas. La opinión internacional sobre las políticas autárquicas y la construcción de la Red siguen siendo muy críticas, hasta el punto de proponerle al Estado Español la renuncia a tales planes. La respuesta española fue diametralmente opuesta  y la Red continuó su ampliación.
  • Década años 70: etapa incoherente que manifiesta una desaceleración en la construcción de silos en su primera mitad, para repuntar nuevamente a finales de la misma con la construcción de pocas unidades de gran capacidad o “macrosilos”. Coincide en el tiempo con el cierre de algunas viejas instalaciones poco adecuadas.
  • Década años 80: en la transición de la década pasada a ésta se alcanza el viejo sueño del Régimen de culminar la Red, aunque este logro se producía justo cuando España está próxima a entrar en la Comunidad Económica Europea, y con ello, la exigencia inmediata de su desmantelamiento.

 

La comprensión de la singularidad de la Red Nacional de Silos y Graneros pasa por una doble vertiente: territorialidad e individualidad.

La territorialidad de la Red queda patente en la distribución de sus unidades a lo largo de España, proliferando de manera extensiva sobre aquellas regiones eminentemente cerealistas, frente a aquellas provincias costeras o de particular orografía que no facilitaba este tipo de cultivo. España quedó dividida en 150 comarcas trigueras1 determinadas por las distancias máximas a recorrer por los labradores, la existencia de industrias molineras y los centros tradicionales de comercio de cereales2. A su vez, cada comarca se organiza en torno a una cabecera de recepción dirigida por un jefe de almacén o silo.

La implantación de este entramado edificatorio en el territorio se realiza de manera progresiva e intencionada, aplicando cada una de las variantes, que a continuación se describen, en un punto del mismo:

  • Silos y almacenes de recepción, cuya función es recoger el grano en los lugares de producción, conservándolo hasta reexpedirlo en el momento de su consumo o para traslado a otros silos de tránsito, puerto o reserva. Están distribuidos para facilitar al labrador las tareas de entrega, pero a su vez debían de estar bien conectados para su posterior salida a manos de los industriales harineros. En 1958 ya se recomendaba la única construcción de silos por su velocidad en la recepción de grano, relegando la aparición de almacenes cuando las dificultades de cimentación o falta de energía eléctrica impidan la construcción de los primeros.
  • Silos de tránsito, preparados para recibir el grano de los silos de recepción a ellos adscritos y regular el tráfico de grano en centros importantes ferroviarios de las zonas productoras y consumidoras (por ejemplo Córdoba, Mérida, Jerez de la Frontera, Huesca,...). Asumen, entre otras funciones, el papel de “reserva” que permite regular los precios entre años de cosechas variables. Dotados de una importante maquinaria, permiten el flujo de grandes cantidades de grano entre distintos medios de transporte. Son los primeros en construirse y presentan una singularidad poco habitual en los silos de recepción, habitualmente más seriados.
  • Silos de puerto, que como su nombre indica se enclavan en áreas portuarias, con instalaciones capaces para descargar el grano desde los buques, almacenarlo y enviarlo por ferrocarril o camión hacia el interior, o también para ejecutar operaciones inversas de manera simultánea. La Red pretendía cubrir los principales puertos nacionales, pero la concepción autárquica de la misma y los problemas acontecidos en torno al silo de Málaga, provocaron la construcción de solo dos unidades. Se construyeron en paralelo a los silos de tránsito.

La clasificación conceptual realizada será absorbida y rehecha en la clasificación que el SNT, y sus sucesivas denominaciones, hará sobre la totalidad de la red.

No puede olvidarse bajo ningún concepto la relación territorial entre estos almacenes y la industria harinera, que evolucionó en número y técnicamente de manera similar a la Red. Aquellas pequeñas unidades normalmente vinculadas a la energía hidráulica quedaron fuera de los círculos comerciales, siendo a partir de ahora un factor importante la vinculación con la creciente infraestructura ferroviaria y carreteras.

La individualidad de cada silo o almacén estará apoyada sobre una base común funcional y constructiva que se adaptará a cada municipio y momento histórico a través de: la implantación en el solar, la resolución formal de las fachadas, la proximidad a vías de comunicación, diversidad de operaciones realizadas con el grano, eficacia de la maquinaria instalada, etc. Gran parte de estas individualidades quedará desarrollada en el apartado componentes y operatividad.

A lo largo de la vida de la Red Nacional de Silos y Graneros se observa una interesante evolución formal de las soluciones adoptadas para un mismo esquema programático de almacenamiento de grano. La elaboración de un  Plan General de la Red Nacional de Silos y Graneros trae consigo una serie de propuestas arquitectónicas para adaptar los silos según tres regiones:

  • Central
  • Norte
  • Sur de España

Son propuestas de clara vocación regionalista, una arquitectura representativa del régimen y de escaso valor si la comparamos con los movimientos culturales de países vecinos. Arquitectónicamente se distinguen por las cubiertas inclinadas, recercados, zócalos, molduras, contrafuertes, pináculos, así como un cromatismo apoyado en colores locales.

El abandono de esta tendencia se produjo a finales de los años 50, coincidiendo con una evolución tipológica del silo hacia unidades más económicas estructural y mecánicamente. Las nuevas unidades se acogieron, con cuentagotas, al International Style que, de manera excepcional, entrará en España a través de la industria, cuya neutralidad la libera de requisitos formales y busca la belleza en la propia construcción.

Los ingenieros y arquitectos encuentran en las edificaciones de la Red una oportunidad única para alcanzar plenamente la relación forma-función.

A partir de este momento se diseña y construye con una línea más racional y se implanta una gama cromática de blancos y grises, huecos más estilizados y cubierta plana. La seriación de edificaciones y elementos constructivos se convierte en medio de ahorro económico y agilidad constructiva. Arquitectura e Ingeniería se entrelazan aquí ofreciendo un producto muy interesante.

En Mayo de 1984 se promulga una nueva ley que terminará con el monopolio triguero llevado a cabo durante 47 años por el Estado Español. Esta determinación será requisito indispensable para la entrada de España en la política económica común europea.
Una evolución en la clasificación de la Red en los últimos años la diferencia en Red Básica y No Básica, siendo los componentes del primer tipo aquellos que mejor dan respuesta a las necesidades del mercado del cereal según políticas agrícolas actuales. Los componentes de la Red No Básica están a medio camino entre su utilización y desaparición.
En “1994 la red alcanza la cuantía de 882 edificaciones, entre silos y graneros, que dan una capacidad media de 3000t/ud”, muy por debajo de lo que sería una red competitiva. A éste motivo, hay que sumar otros que propician la desarticulación parcial de esta red:
- Silos y graneros en ruina técnica y difícilmente adaptables a los requerimientos técnicos actuales. Como ejemplo más extremo encontramos el “Tipo Z” conformado por antiguos castillos restaurados y acondicionados como almacenes.

- Silos y graneros cuyo mantenimiento no resulta rentable económicamente.

- Silos y graneros que originariamente se ubicaron en las periferias industriales de las poblaciones y que el fuerte desarrollo residencial ha fagocitado en las últimas dos décadas. La accesibilidad de camiones o ferrocarril, una actividad polvorienta y ruidosa, y el uso de productos químicos durante el almacenamiento convierten a esta actividad en incompatible con el uso residencial.

Con el fin de aliviar la carga recaída sobre el Ministerio de Agricultura comenzó, a comienzos de los noventa, la cesión progresiva de silos y graneros según estos “cuatro procedimientos”:

  1. Desafección y cesión a la Dirección General de Patrimonio, de modo que ella decida sobre el futuro de las edificaciones.
  2. Reversión a los Ayuntamientos que en su día cedieron los terrenos para la construcción.
  3. Reversión a particulares expropiados al desaparecer la función de utilidad pública que motivó la expropiación.
  4. Cesión gratuita en uso al Ayuntamiento, para que decida sobre su futuro como edificación o como solar municipal.
Anotaciones

GIL, María Dolores y TORRES, Magdalena, “Pósitos, cillas y tercias de Andalucía: Catálogo de antiguas edificaciones para almacenamiento de granos”. Dirección Gral. De Arquitectura y Vivienda. Sevilla. 1991.

Un grupo de los embarcaderos en una línea de costa comercial que sirven como zona de aterrizaje general para las naves o los barcos. Utilizado a menudo en el plural.

Parte de los frutos, regularmente la décima, que pagaban los fieles a la iglesia. Muy importante para los arzobispados.

Cámara donde se recoge el trigo de las tercias y rentas del diezmo.

BARCIELA, CARLOS. “«Ni un español sin pan» la Red Nacional de Silos y Graneros”. Ed. Prensas Universitarias de Zaragoza, Zaragoza, 2007.

Graneros públicos para asegurar la provisión de los pueblos, regular los precios y librar a los labradores de la usura. (Definición de LAMPÉREZ y ROMEA en “Arquitectura Civil Española”).

AZCÁRATE GÓMEZ, César A., “Catedrales Olvidadas. Red Nacional de Silos en España, 1949-1990”. Tesis Doctoral. Junio 2008.

“Figuras tan importantes del panorama arquitectónico de los siglos XIX y XX como Walter Gropius, Erich Mendelsohn, Le Corbusier, Toni Garnier, Albert Khan o Hans Poelzig, sólo por citar algunos”6, han estado ligados a reflexiones teóricas entorno a la naturaleza del proceso y la edificación industrial.

CAVERO BLECUA, MIGUEL. “Ponencia sobre la Red Nacional de Silos en España. Los diversos tipos de Silos y su construcción”. Ministerio de Agricultura, Madrid, 1959.

Ministerio de Agricultura. Red Nacional de Silos. Madrid: Servicio Nacional del Trigo; 1947.

MATEO CABALLOS, CARLOS. “Estructuras Industriales Agrarias Obsoletas. Integración en la Realidad Urbana Contemporánea”. Escuela Técnica Superior de Arquitectura, Sevilla, 2005.